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El Ello, el Yo y el Superyó

Autor: Blanca Teresa Vilchis Romero | Categoría: Artículos

El Ello, el Yo y el SuperyóSon el Ello, el Yo y el Superyó quienes componen la estructura del aparato psíquico, solo funcionan trabajando juntos y de esta forma el sujeto puede relacionarse de manera adecuada con el ambiente, siendo por el contrario que no pudiera ser así, entonces el sujeto se vería inadaptado; incapaz de relacionarse con aquello que lo rodea.

Veamos que podemos decir del Ello, que logre hacer fácil su comprensión

Vamos a pensar en el Ello como la parte primitiva de nuestro ser, está parte impulsiva, egoísta e irracional, amante del placer que desea y actúa, buscando a su vez descargar excitación por vías motoras, yendo desde el sistema nervioso central hasta los músculos, cursando por los procesos del ello que consisten en:

1° descargar mediante la realización de deseos, y 2° ceder a la influencia del yo, donde la energía queda adherida en lugar de descargarse de inmediato.

Cabe destacar que es el Ello está parte que lo contiene todo y el cimiento donde erigimos nuestra personalidad y a pesar de considerarse la parte oscura de nuestro ser, es quien está más en contacto con el cuerpo y quien más conoce de nosotros, es Freud quien lo considera la verdadera realidad psíquica, puesto que el mundo interior existe antes que el individuo haya tenido experiencia alguna del mundo exterior.

Y bien si se desea saber de su existencia lo podemos conocer a través de la fantasía, la imaginación y los sueños por los cuales realiza sus deseos.

Ahora bien, ¿Qué es el Yo?

El Yo es producto de la interacción con el ambiente, cuya función es la de mediar al Ello y al Superyó, buscando equilibrar los polos, además de servir como intermediario entre el ello y el mundo exterior, si bien sus tareas no las realizará y se entregará al Ello o al Superyó dejaría de existir la armonía y la adaptación, no obstante, de vez en cuando se permite sus pequeños deslices, siendo un poco impetuoso y sucumbiendo a la fantasía como la hace el Ello, no obstante siempre de manera sana y en un grado considerable de placer que recibe de sus pequeñas fugas, que son reconocidas como fantasías, dándose unas merecidas  vacaciones respecto a otros asuntos más serios.

En último lugar se encuentra el Superyó.

El Superyó es un eterno inquisidor que busca el ideal de la perfección, negándole al Yo cualquier tipo de placer que obtenga, castigándolo solo por pensar en hacer algo, aunque nunca llegara este pensamiento a traducirse en acciones.

El Superyó se desarrolla desde el Yo a consecuencia del aprendizaje que tiene el niño de las normas impuestas por los padres, con respecto a lo que es bueno y lo que es malo; a su vez el niño aprende que puede ser recompensando si sigue estás con lo más importante para él, como la aprobación y el amor paterno, y por el contrario si desobedeciera aquellas normas morales impuestas por sus progenitores, sufriría el rechazo.

Además, es el tiempo en el que depende de los padres el que favorece la formación del Superyó del niño que a su vez es el representante del Superyó de los padres, y he aquí algo muy chocante, no necesariamente es el reflejo de la conducta de los padres, sin embargo; estos padres se ven obligados a introducir un código moral por imposición de los abuelos, así que se puede decir que el Superyó del niño no solo pertenece al Superyó inculcado de los padres, sino al Superyó del padre del padre.

Autor: Blanca Teresa Vilchis Romero

Psicóloga por profesión y vocación, fundadora de Psicología Puebla, termine mis estudios en la Escuela Libre de Psicología en el año 2014, siendo está donde encontré a grandes profesionales de la Psicología los cuales me inspiraron cada día a desarrollarme en está intrigante carrera, sintiendo una gran motivación por el estudio en el área clínica, dispongo mi conocimiento y pasión en crear Psicología Puebla con la intención de poder llevar al sector profesional y estudiantil temas de interés mediante escritos, artículos, videos y otros medios informativos.

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