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El estadio del espejo, como formador del Yo

Autor: Blanca Teresa Vilchis Romero | Categoría: Artículos

Es Jacques Lacan quien propone el estadio del espejo y basa su teoría en la observación de un niño en etapa inicial, se puede decir que el estadio del espejo se presenta entre los seis y los dieciocho primeros meses y como es de esperar el niño aún no tiene conciencia plena de lo que representa su imagen conformada, no puede asegurar que aquel que ve en un primer instante sea él o ella, por ahora sólo me referiré a “él niño” para referir a ambos sexos, retomando al concepto ampliado del estadio del espejo, él niño se considera fragmentado, desde su visión, solo puede observar manos con dedos, brazos y pies al alzarlos, observa a los otros, frente a él, a su madre la ve y la añora de muchas formas, representa alimento, seguridad, entre otras cosas, sin embargo no encuentra una identificación.

El niño en el estadio del espejo no tiene constituida su imagen del cuerpo como unidad y seguramente es su madre quien lo presenta frente al espejo, esperando que él niño se identifique, no obstante; el niño no se identifica, piensa que ese en el espejo es otro, que no es él, porque él no sabe lo que es, sin embargo; quiere identificarse y asimilarse, buscando ser idéntico al otro que mira en el espejo, queriendo ser aquel que emociona a la madre, deseando ser aquel que satisfaga a la madre, su primer objeto de amor y de socialización, lo mismo es para la niña, debido a que aún no se resuelve en este punto el complejo de Edipo en la niña. Cuando el niño reconoce que la imagen en el espejo es el mismo, se da el conocimiento del sí mismo, sintiendo por primera vez la angustia que provoca la sensación de fragmentación, lo que propicia o genera la identificación con la imagen y conlleva a formar el Yo, el estadio del espejo establece así una relación entre el interior del organismo con la realidad exterior.

Cuando el niño se identifica en el espejo establece una relación libidinal con la imagen de su cuerpo, que no es precisamente con lo genital que se relaciona, sino más bien con las pulsiones sexuales relacionadas con la identificación, la cual ocurre nuevamente dicha por un movimiento hacia el complejo de Edipo, como eje de la teoría psicoanalítica, siendo que la sensación de fragmentación, recuerda al niño mediante imágenes de castración en dicho complejo, no obstante el niño al ver su imagen en el espejo se siente encantado por ella y se relaciona con ella por medio de gestos, como un primer ensayo de su relación con el medio, con el mundo externo, fundando así sus primeros vínculos con lo social, aparenta interactuar con él, emite balbuceos avanzados, pronunciando sonidos monosílabos, intenta tocar y como fin el interactuar con el otro.

Se habla del estadio del espejo como formador del Yo, y es con razón pues es el Yo quien habla de quienes son los padres y se puede encontrar a diferentes niveles de maduración de la persona, hay que mencionar que del Ello surge el Yo, el Yo tiene funciones reguladoras y adaptativas que se dirigen hacia fuera, hacia el mundo externo y lo que es hacia dentro lo pulsional del Ello. Para Freud el Yo es una formación que surge del contacto con la realidad, y Lacan dicen que la formación del Yo viene desde el Otro, “el Yo es otro” y no es lo genuino del sujeto, es proveniente de la identificación con el Otro siendo producto de su formación.

Es Lacan en 1949 quien señala que la forma primordial con la que el niño se identifica, es un yo ideal, siendo el soporte de la identificación primaria del niño con su semejante, constituyéndose en la fuente de las identificaciones secundarias que le permitirán al sujeto, establecer y organizar su relación con la sociedad, constituyéndose como la identificación primaria que da origen al Yo ideal.

El Yo es para Freud y Lacan la primera defensa que se manifiesta, este se defiende del deseo, lo reprime porque le produce malestar y angustia, cumpliendo una función de desconocimiento, que es un no reconocimiento imaginario de un saber simbólico que el sujeto posee en alguna parte, la cual caracteriza todos los mecanismos de defensa enumerados por Anna Freud.

Autor: Blanca Teresa Vilchis Romero

Psicóloga por profesión y vocación, fundadora de Psicología Puebla, termine mis estudios en la Escuela Libre de Psicología en el año 2014, siendo está donde encontré a grandes profesionales de la Psicología los cuales me inspiraron cada día a desarrollarme en está intrigante carrera, sintiendo una gran motivación por el estudio en el área clínica, dispongo mi conocimiento y pasión en crear Psicología Puebla con la intención de poder llevar al sector profesional y estudiantil temas de interés mediante escritos, artículos, videos y otros medios informativos.

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