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La identificación con el otro es amor

Autor: Blanca Teresa Vilchis Romero | Categoría: Artículos

Dice Juan David Nasio que hablar de identificación de una persona con otra, corresponde a hablar de amor, porque uno no puede identificarse con otro, si este otro no es el elegido por uno en sus afectos; y es precisamente este concepto por el que a veces surge el tema sobre lo parecidos que son padre e hijo o madre e hija, los novios y los esposos, incluidos los hermanos y los amigos, y es que no es casualidad; no es algo que suceda como una coincidencia, no será esta la primera vez que habremos leído en algún sitio o alguien nos ha dicho algo referente a esto, que mientras más pasamos tiempo con las personas más nos parecemos, o sencillamente nos podemos dar cuenta al ser un poco observadores que si vemos por las calles a los padres con sus hijos o las parejas incluidas, estos  quizá caminan igual, visten similar o usan la misma ropa, al escucharlos podemos darnos cuenta que utilizan  palabras al hablar que usualmente utiliza su pareja o en el caso de los hijos que usan palabras de su padre o madre, y estos ejemplos antes mencionados tienen una explicación,  es porque  asimilamos al otro, al objeto de nuestro amor y deseo, siendo a su vez que el otro nos asimila, exactamente por las mismas razones, el asimilar es como escanear al otro y hacerse a su gusto, lo que ahora nos gusta de alguna forma; seguramente antes parecíamos no darnos cuenta, aunque en lo más recóndito estuviéramos conscientes de ello, sin embargo de otra forma seriamos incapaces de identificarnos, sin asimilarnos.

Es importante saber en que consiste la asimilación, puesto que como ya lo dije antes, es el medio que tenemos para identificarnos con el otro, y bien se puede entender como el movimiento dinámico de un sujeto que quiere volverse idéntico a otro diferente a él, teniendo la necesidad de absorberlo, de comerlo y hasta devorarlo; sin embargo las acciones mencionadas, también van orientadas a pulsiones sexuales como lo es en el complejo de Edipo donde él niño desea estar en la madre, siendo también para Nasio en su libro “El Edipo, el concepto crucial del psicoanálisis” en que el Edipo no es una historia de amor u odio, sino una historia de sexo, donde dice que los cuerpos experimentan placer al acariciarse, besarse, exhibirse y morderse;  es entonces que la identificación con el otro no solo es por amor, sino también por sexo, el sexo en un movimiento activo que  conduce a un sujeto a ser un todo, un mismo ser.

Una persona tiene dos maneras diferentes de identificarse con alguien o con algo

La primera es de forma consciente, un hijo que se identifica con su padre, sucede con el varón que sueña con ser tan fuerte como su padre y trata de imitarlo en todo, pensando que esos actos lo conducirán hacia su objetivo que es ser tan fuerte como su padre.

La segunda es de forma inconsciente, nuevamente vamos arrastrados por el mismo movimiento activo de ir hacia el otro para asimilarlo y dejarnos asimilar por él, sin embargo, se trata de un impulso espontáneo e irreflexivo de identificación. “Quiero ser el otro y quiero ser en el otro, pero no tengo conciencia de este deseo”. Exactamente esto sería él “deseo inconsciente de ser el otro” o también llamado “Identificación inconsciente”. El hijo se identifica inconscientemente con su padre, pero ¿con qué parte del padre se identifica él?

El hijo puede incorporar dos aspectos distintos del padre

En primer término, puede identificarse con los rasgos visibles del padre, este puede adoptar su porte, reproducir sus mímicas y una vez adulto ejercer la profesión paterna, el hijo inconscientemente se ha identificado con los rasgos visibles del padre. La semejanza resulta de una identificación inconsciente.

En un segundo término el hijo se identifica con las emociones, sentimientos, afectos, deseos y hasta fantasmas sepultados en la vida interior del padre, el hijo se identifica inconscientemente con sentimientos, deseos y fantasmas que el propio padre desconoce. Un hijo, por ejemplo, puede identificarse de forma inconsciente y de una manera tan intensa con la falta que su padre cometió alguna vez o creyó cometer, que se sentirá culpable como si él mismo la hubiera cometido, en el ejemplo de un padre que abandono a su madre para ir con otra mujer, su hijo optará por ocupar el lugar que dejo su padre, siendo el hombre de la casa, la pareja de la madre, por una culpa que lleva como una carga, impidiendo defraudar a la madre de muchas formas. Al igual sin sospecharlo, un hijo puede realizar veinte años después un deseo olvidado de su padre, como ser jugador profesional de ajedrez, puesto que el padre siempre pensó en ese sueño como un imposible, de una forma inconsciente sembró en el hijo el ferviente deseo de ser un jugador profesional de ajedrez y el hijo lo adopto como un sueño propio, siendo este un proceso de la formación del yo, de la misma personalidad, en el que estamos hechos de las huellas que dejan en nosotros los seres que amamos o que hemos amado intensamente y que en ocasiones hemos perdido.

Entonces al traslaborar se puede decir que somos la memoria viva de los seres a quienes amamos hoy y los que amamos antaño y que luego perdimos. Siendo ciertamente que la identificación es lo que nos hace amar y ser lo que somos hoy.  La identificación es la palabra que nombra el proceso del amor.

Los hijos empiezan por amar a sus padres; pasado algún tiempo, los juzgan; rara vez los perdonan.

Oscar Wilde

Autor: Blanca Teresa Vilchis Romero

Psicóloga por profesión y vocación, fundadora de Psicología Puebla, termine mis estudios en la Escuela Libre de Psicología en el año 2014, siendo está donde encontré a grandes profesionales de la Psicología los cuales me inspiraron cada día a desarrollarme en está intrigante carrera, sintiendo una gran motivación por el estudio en el área clínica, dispongo mi conocimiento y pasión en crear Psicología Puebla con la intención de poder llevar al sector profesional y estudiantil temas de interés mediante escritos, artículos, videos y otros medios informativos.

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